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Teletrabajo: Reinventar la empresaRubén UrtuzuásteguiApenas en ciernes, el teletrabajo ya está cambiando la sociedad. Los avances tecnológicos y las macrópolis han suscitado la búsqueda de nuevas maneras de adaptar el mundo laboral a la vida personal. La propuesta, sugerente y sin duda atractiva, exige ponderar las ventajas y dificultades que supone.
Ilustración: Victor Hugo Garrido
Las nuevas realidades laborales ya están aquí. En los últimos
años se han desarrollado frente a nuestros ojos innumerables herramientas
tecnológicas que han transformado la idea tradicional del trabajo, nos han
hecho más versátiles y productivos: desde el teléfono —pasando por la
televisión y el fax— hasta las nuevas posibilidades que cada día ofrece
internet y que nos permiten, incluso, estar virtualmente presentes en distintos
lugares y situaciones. Pero la reinvención del trabajo no es consecuencia sólo de
los avances tecnológicos ni está sujeta únicamente a sus rápidos cambios,
sino también a los nuevos modelos que enfrentan nuestras sociedades: cuántas
familias se encuentran amenazadas por las exigencias de la vida moderna y por la
incapacidad de muchas personas para armonizar los múltiples aspectos de nuestra
sociedad. Si hay algo innegable es que los roles de trabajo, que
durante muchos decenios parecían estáticos, han comenzado a moverse; ahora es
usual que padre y madre aporten ingresos a la familia, que como núcleo social
debe buscar nuevos modos de garantizarse el sustento material. Mientras los
esquemas de la nueva economía exijan a las personas cada vez mayor tiempo y
esfuerzos, mantener la estabilidad familiar será un asunto digno de planear
estratégicamente. RESPONDER AL CAMBIO El profesor José Luis Álvarez del IESE hace una crítica
muy acertada al modelo laboral actual cuando explica que, en muchísimos casos,
el hombre se debate entre vidas paralelas. Por un lado están sus
responsabilidades como miembro fundador de una familia que le exigen recursos,
tiempo y presencia; por el otro, las responsabilidades laborales adquiridas por
medio de un contrato, que lo obliga a prestar un servicio a cambio de una paga,
que servirá para mantener a la familia. Sin embargo, la realidad laboral
implica también tiempo y presencia. Las dos situaciones piden imperiosamente
como si fueran las únicas. Estamos ante una asincronía organizacional entre ambas
realidades. La solución teórica es relativamente sencilla: compaginarlas y
ponerlas a dialogar para lograr una relación más profunda, en la que se
reconozcan una a la otra y se alineen al debido orden y valores del ser humano.
Pero en la vida diaria resolver esto es más complicado. Los modelos de carrera tienden a ser muy lineales; no
contemplan las necesidades de determinados grupos sociales que requieren nuevos
planteamientos y facilidades para aportar su trabajo al mercado. Por eso están
surgiendo diversas tendencias de trabajo que buscan acoplarse a las
circunstancias: tiempos parciales, puestos compartidos, horarios flexibles y
programas de trabajo remoto. Estas alternativas empiezan a dar resultado porque solucionan
problemas de personas que no pueden ajustarse a horarios corridos o tienen
obligaciones relacionadas con su maternidad o paternidad. Ayudan también a
quienes no pueden acudir a la oficina por lejanía, impedimentos, o porque algún
familiar requiere cuidados permanentes. Otras veces porque la empresa debe
cumplir con la exigencia del marco legal. ALGUNOS AVANCES CONCRETOS El trabajo ya no es lo que era ni será lo que es ahora; según
el caso, ahora es menos importante el lugar donde lo desempeñamos. Las
herramientas tecnológicas nos permiten realizarlo como si estuviéramos en la
empresa. Las posibilidades que ofrece hoy internet aportan recursos que en el
pasado ni varias personas (con sus respectivos sueldos) podían satisfacer. La facilidad de trabajar desde distintos lugares y
mantenernos conectados a la empresa sustituye la necesidad de traslado parcial o
total. A este nuevo modelo laboral (telecommuter o home office) se
le llama en español trabajo remoto. Cada día más personas pueden
trabajar en su hogar o en otro lado y disponer de la información necesaria para
desempeñarse como si se encontraran físicamente en la oficina. El Instituto para el Futuro en Europa calcula que para 2005
la décima parte de la población de los países ricos optará por el
teletrabajo. Sus posibilidades actuales de mercado están principalmente en áreas
que miran a la atención al cliente: bancos, casas de bolsa, paquetería y
entrega a domicilio de bienes estandarizados y productos al menudeo
(supermercados). Algunos países ya han establecido el trabajo remoto como una
vía para que quienes se encuentran en situaciones no «ordinarias» puedan
acceder a un trabajo remunerado.
En Bélgica hay un proyecto que se llama «cuota de trabajadores
de minoría» cuyo objetivo principal es proteger a sectores vulnerables
en lo laboral, como mujeres y retirados. El teletrabajo es deducible de
impuestos y tanto Gobierno como iniciativa privada deben ofrecer
respectivamente 1 y 5% del total de su planta laboral a teletrabajadores. En la India, lo mismo que en otros países, se manejan muchos
empleos bajo el esquema de «trabajo ininterrumpido». Implica que la
producción no se detenga nunca; cuando termina la jornada laboral en un país,
el trabajo se avanza o completa en otra zona donde, por los distintos husos
horarios, apenas comienza la jornada, y así sucesivamente, hasta completar
el producto. La India provee de trabajo ininterrumpido a Estados Unidos y al
Reino Unido.
Francia Canadá España En Inglaterra, y en general en toda Europa, se ha incrementado el
empleo femenino en el sector de servicios. El avance técnico en
comunicaciones y la demanda de trabajos flexibles generan ya un nuevo
ámbito de mercado laboral; muchas empresas, en especial el gobierno, han
empezado a demandar trabajo a distancia, sobre todo en el sector de
servicios, atención al cliente, encuestas, información, envíos y ventas. TELETRABAJADOR: UN PERFIL EXIGENTE En principio, el trabajo remoto no exige ninguna característica
extraordinaria. La persona deberá realizar sus funciones lo mejor posible, como
cualquier otra. Sin embargo, hay hábitos, habilidades y actitudes que requiere
de modo especial para ser realmente efectivo y eficiente. En primer lugar son indispensables dos hábitos: autodisciplina
y automotivación. Por autodisciplina entendemos la capacidad de la
persona para saber y realizar sus funciones correctamente y en los tiempos
adecuados, por sí misma, sin necesidad de un supervisor directo. Quien no es
capaz de hacerlo no es candidato para esta nueva modalidad. Automotivación es la capacidad de una persona que a través
de los logros pasados y metas futuras logra generar el suficiente incentivo
personal para esforzarse en cumplir sus objetivos. Quien necesite de otras
personas para moverse, tampoco es candidato idóneo. Estas características son
esenciales, sin ellas el teletrabajo se convierte en un cúmulo amorfo de
responsabilidades tediosas y sin sentido. Además, el teletrabajador necesita ciertos elementos que
complementarán su debido desempeño: un protocolo psicológico, entrenamiento técnico
y psicológico, ciertas normas de trabajo y un protocolo de salida. Protocolo psicológico Consiste en realizar conscientemente los pasos formales para
predisponerse a trabajar. Todo lo que una persona haría antes de trasladarse a
la oficina: bañarse, vestirse en forma adecuada, despedirse de su familia, etcétera.
Sabemos que, aunque parezcan minucias, saltarse esta formalidad puede hacer que
el trabajo se tome a la ligera. Para que los protocolos funcionen bien conviene contar con un
supervisor que ayude a fijar actividades y metas, señalar logros y establecer
tiempos. Por ejemplo, el teletrabajador debe respetar la hora de inicio para
evitar otras actividades necesarias o más atractivas; al empezar la jornada,
ponerse en contacto con su supervisor para predisponerse a efectuar sus tareas y
nunca hacerlo con la pijama puesta. Protocolo laboral Es indispensable evitar interrupciones de asuntos o personas
ajenas al entorno del trabajo, sea de la familia, compañeros, vecinos, amigos,
etcétera. Contar con un lugar debidamente acondicionado y aislado del resto del
ambiente. Es de suma importancia que nada ni nadie inciten a perder el tiempo. El teletrabajo puede traer dos consecuencias disyuntivas: por
un lado, al suprimir traslados se dispone de más tiempo para estar con la
familia; por otro, puede ocurrir que esta no comprenda que, aunque la persona
está en casa, no puede atender otros asuntos, y se genere un clima más tenso.
De hecho, en algunos lugares se da entrenamiento psicológico al trabajador y
sus familiares. Protocolo de salida Es igualmente necesario respetar la hora fijada para
suspender el trabajo. Resulta muy útil una rutina de terminación, por ejemplo,
ordenar el área o preparar todo para el siguiente día, cerrar y asegurar la
continuidad evitando traslapes con el entorno. Cumplir esta regla facilita
predisponerse para otras actividades. Se recomienda no integrarse de inmediato
en asuntos familiares o de la casa, conviene salir a caminar cinco o diez
minutos para despejar la mente. Aspectos colaterales: entrenamiento técnico
y psicológico Además de los protocolos se necesita contar con los insumos
suficientes: papelería, insonorización, monitores, medios de almacenamiento,
escritorios, archivero, espacio para realizar bien el trabajo, teléfono, líneas
de comunicación, fax, celular, cámara web, ancho de banda, café,
refrigerios, etcétera. En muchos casos no es posible habilitar un lugar adecuado en
el hogar, por ello, algunas veces se recurre a soluciones intermedias: centros
de trabajo en la localidad que eviten traslados de grandes distancias. Para que se pueda implementar el trabajo remoto lo primero es
que la empresa cuente con áreas favorables para ello, como ventas, atención al
cliente, proyectos, consultoría y funciones secretariales. También requiere
estar dispuesta a enfrentar cambios que van, desde reformas en la estructura, en
la política y en las funciones del trabajo, hasta una nueva cultura
organizacional. VIRTUALIDAD VS. PRESENCIA El trabajo remoto y el que se realiza dentro de la empresa
son diferentes, algunas veces disyuntivos, otras complementarios, dependerá de
cada situación y momento. ¿Cuál es mejor o peor? Ninguno, simplemente son
distintos. El teletrabajo se da en completa soledad; en cambio, laborar
en la empresa nos coloca en un lugar adecuado para desarrollarnos desde el punto
de vista social. Un estudio de la University College de Dublín estima que, por
esta necesidad, 50% de los teletrabajadores prefiere moverse a la oficina en
lugar de hacerlo en casa y 70% tiene jornadas mixtas, es decir, algunos días
acude a la empresa y otros días opera fuera. El trabajo remoto permite ser más flexible y versátil y
otorga mayor disponibilidad frente al cliente; soluciona los problemas de pérdida
de tiempo por los traslados, facilita la convivencia familiar y disminuye el
estrés. Como un elemento adicional, al no transportarnos a la empresa
disminuimos la emisión de contaminantes. El trabajo en la empresa es más estructurado, requiere
forzosamente de nuestra presencia, sin embargo, permite que durante los
trayectos nos desconectemos de otras realidades y nos dispongamos para las
actividades laborales. También hace posible una supervisión mucho más directa
y, por lo mismo, una evaluación simultánea de las actividades, ello facilita
las posibilidades de ascenso, a diferencia del teletrabajo, donde se vuelven más
complejas. UNA REVOLUCIÓN EN PROCESO Hoy más que nunca, Estados Unidos se vislumbra como la
potencia económica absoluta. Ahí los cambios sociales están provocando una
reestructuración del esquema tradicional de trabajo. Por ejemplo, el incremento
de las crisis familiares obliga a quienes demandan trabajadores para sus
empresas a buscar nuevas alternativas laborales. Por otro lado, hay que señalar una paradoja: a pesar de que
ese país promueve ampliamente los derechos humanos, en el caso de minusvalía,
paternidad y maternidad se encuentra en un notable retraso en relación con sus
competidores europeos. El permiso de ausencia por maternidad en Estados Unidos
es de 12 semanas sin goce de sueldo, a diferencia de los países europeos, donde
es de 16 semanas y se otorga 75% del sueldo a la persona en caso de que decida
teletrabajar. A principios de los noventa, se buscó como alternativa
instaurar dentro de las empresas guarderías para atender y vigilar a los hijos
de los empleados. Desgraciadamente resultó muy oneroso y están
desapareciendo. Ahora el home office se presenta como una solución ideal
para hacer compatible el cuidado de los hijos y la actividad profesional. Las reacciones frente a estos problemas sociales no se han
hecho esperar. Un ejemplo notable y reciente es el de Marion McGovern, egresada
del MBA de Berkeley, fundadora, junto con otras mujeres académicamente muy
preparadas, una agencia de trabajo temporal llamada M2 Inc. Entre las personas que recluta esta firma, 90% son mujeres de
perfil variado: desde jóvenes sin experiencia hasta ejecutivas del más alto
nivel. Ofrece asistentes para oficina bajo tres modalidades: in house,
trabajan en la empresa; in home, desde sus hogares y centro remoto,
en centros de trabajo de M2. Mujeres que alguna vez fueron altas
ejecutivas de empresas reconocidas y por razones ajenas al trabajo abandonaron
empleos prestigiosos y jugosos sueldos, dado su historial laboral, se han podido
colocar en grandes empresas pero bajo condiciones de trabajo flexibles para
compaginarlo con otras actividades. Poco a poco, M2 Inc. se ha ubicado entre las
fuentes de trabajo más innovadoras del mercado norteamericano. Actualmente
ofrece consultoría y desarrollo de proyectos especiales a las empresas a través
de una red de 8 mil consultoras con horario a demanda. Así como en Estados Unidos y Europa se han encontrado formas
flexibles de enfrentar el mercado laboral, en todo el mundo han ido surgiendo
nuevas necesidades y nuevas ofertas de solución. En nuestro país falta que
tanto empresarios como dirigentes políticos tomen conciencia de esas nuevas
necesidades y ofrezcan opciones que faciliten el desarrollo personal, familiar y
profesional. Mantenerse cara a cara La Agencia
Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo ha manifestado su preocupación
sobre si el aislamiento físico de los teletrabajadores supone el riesgo de
marginarlos socialmente, hoy que se hace hincapié en la importancia del trabajo
en equipo y el comunitarismo. Con 10 años
de vida, el Foro de la Comunidad Europea para el Teletrabajo (ECTF, por sus
siglas en inglés) brinda, apoyado en universidades y diversas instituciones,
programas de capacitación para el teletrabajo. Su página de internet en español
(www.fortel.org/Autotest.htm)
ofrece un breve examen para que cada persona descubra si es viable para desempeñarse
como networker. Entre otras
preguntas, sobresalen si el interesado está dispuesto a ser evaluado por sus
resultados o si podría prescindir de la vida social de la oficina. El objetivo
es proteger la estabilidad emocional del aspirante. El teletrabajo supone
adaptarse a un nuevo estilo de vida, abandonar un poco las relaciones en una
oficina y lidiar con la aparente frialdad de una computadora. Los menos
optimistas incluso presagian el fin de las relaciones sociales. Kevin Kelly, autor de New
Rules for the New Economy, propone un equilibrio. Durante su intervención
en la Sexta Asamblea Europea de teletrabajo y nuevas modalidades de trabajo,
celebrada recientemente en Dinamarca, señaló que es probable que la novedad
del teletrabajo deje paso al verdadero contenido de esta revolución que sin
duda consiste, no tanto en hacer las cosas a distancia, sino en hacerlas de una
manera mucho más inteligente y productiva, en grupo, cooperando y teniendo en
cuenta los resultados, en lugar del sufrimiento de esa labor penosa,
desconectada, impuesta a cambio de una relativa seguridad de por vida, que es
característica de nuestra sociedad industrial. Felipe Casas Martínez Horarios: flexibilidad ordenada y
responsable La falta de
estructura en el trabajo ha de ser balanceada por esa estructura humana interna
que llamamos carácter. Los trazos caracterológicos más necesarios en el
trabajador no estructurado son los siguientes: disciplina interior, orden
exterior, constancia indeclinable. Estos tres rasgos de nuestra
persona desembocan en un pinto aparentemente trivial pero en verdad decisivo:
contar con un horario, con un plan temporal, con una agenda de trabajo aunque
sea inicial y primitiva. Este es un punto básico de lo que denominamos autoestructura,
derivada de la forma también básica de la personalidad, que es el autodomino.
[…] El horario de
trabajo no debe de entenderse como un horario fijo, de tal modo que tenga su
principio a una determinada hora, y su fin a otra hora también determinada,
como ocurre generalmente en los empleos tradicionales. Por horario de trabajo
se entiende aquí más bien número de horas trabajadas o por trabajar
cada día o, más flexible, cada semana. Como el horario fijo y determinado
empieza a presentar dificultades reales y graves dentro del mismo trabajo
estructurado, no lo autoimpongamos inútilmente en aquel que carece de
estructura: ese tipo de horario es una superestructura no pocas veces sobrante e
innecesaria, fruto de un control obsesivo hoy decadente. […] El trabajador debe
llevarse a sí mismo una cuenta de trabajo, en donde se señale con
objetividad el número de horas realmente trabajadas durante cada día, cada
semana, cada mes, comparándolo con los logros conseguidos, y ambas cosas con
los trabajos realizados en épocas análogas, a fin de determinar el plan de
horario para los días, semanas y meses subsiguientes. Esta cuenta de trabajo no
es una estructura superexcedente, sino necesaria. Por la debilidad humana, el
compromiso contraído con la cuenta de trabajo puede romperse por circunstancias
no previstas; y, frecuentemente, por circunstancias subjetivas que no tienen
peso real para cambiar el plan establecido para el número de horas de cada día,
cada semana o cada mes. […] La falta de
estructura en el trabajo puede producir, por extensión, una falta de estructura
en la existencia entera. Y la existencia cotidiana debe estar estructurada:
la cuenta de trabajo ha de hacerse compatible con el horario destinado a la
familia, a la capacitación, a las relaciones sociales, sin que unos menesteres
—y menos el del trabajo— invadan las necesarias esferas de las otras
responsabilidades, que deben también valerse de un horario. La carencia de
estructura en el trabajo puede conducir a vicios por defecto o por exceso, y el
horario de trabajo, analizado seriamente, debe de evitar los bandazos de un
extremo a otro. Carlos Llano. La creación del
empleo. Para desempleadores y desempleados. Panorama. México, 1996. pp.
182-184. Fuente: istmoenlinea.com.mx |
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